-Es el síndrome del campamento de verano.
+¿Qué? ¿Es otra de tus teorías?
-Te vas de campamento de verano y te lo pasas de puta madre, el mejor verano de tu vida; piensas. Vuelves a casa y te tiras todo el año pensando en el próximo campamento, en volver a repetir todo, mejor. Y entonces llega y todo ha cambiado: los monitores, las chicas, tus colegas están raros; son extraños ya. Y caes, los mejores años fueron esos, los mejores. Y nunca se van a repetir.
lunes, 20 de agosto de 2012
martes, 7 de agosto de 2012
.
Despertar con los primeros rayos de luz. Verle nada más abrir los ojos. A él. Está guapo, sonríe. Tú le devuelves la sonrisa, y después te das la vuelta en la cama. Estás feliz, como cada mañana desde hace tiempo, desde que despiertas a su lado. Notas como se incorpora ligeramente en la cama, como su brazo te rodea por detrás, notas sus labios en tu mejilla, y escuchas ese "Buenos días, princesa". Después se levanta, y te quedas sola en la habitación. Pasas la mano por el otro lado de la cama. Todavía está caliente, y posiblemente todavía huela a él. Te das cuenta de la inmensa suerte que tienes, de poder volver a enamorarte de él cada mañana, con solo esos pocos minutos que compartís juntos antes de que él baje a prepararte el desayuno.
Y así, día tras día, mes tras mes y año tras año él te regala su mejor sonrisa al despertar cada mañana. Y si sumas todas las mañanas, todas las sonrisas, todos los "buenos días, princesa" y todos los desayunos con él el resultado es de toda una vida compartida, de toda una vida regalándoos mañanas, de toda una vida enamorándoos el uno de nuevo cada vez que sale el sol.
Y así, día tras día, mes tras mes y año tras año él te regala su mejor sonrisa al despertar cada mañana. Y si sumas todas las mañanas, todas las sonrisas, todos los "buenos días, princesa" y todos los desayunos con él el resultado es de toda una vida compartida, de toda una vida regalándoos mañanas, de toda una vida enamorándoos el uno de nuevo cada vez que sale el sol.
jueves, 2 de agosto de 2012
Siempre nos quedará París.
-Creo que no quiero ir a París contigo.
-¿Por qué?
-Bueno, supongo que sería bonito caminar por los Campos Elíseos de tu mano, supongo que me gustaría besarte bajo la Torre Eiffel, que podríamos hacer las cosas típicas que hacen las parejas normales en la ciudad del amor, pero nosotros no somos una pareja normal, ¿no? Así que creo que no me gustaría ir contigo a París.
-Tienes toda la razón. Podríamos hacer todas esas cosas, y seguro que nos gustarían, pero podemos hacer cosas mejores. Podemos adentrarnos en la ciudad sin mapa, podemos continuar andando hasta acabar completamente perdidos. Podemos colarnos en un cine, o en un teatro. Podemos pulirnos la tarjeta de crédito comprando cosas que luego nunca vamos a usar. Podemos sacarnos fotos. Cientos, no, mejor miles de fotos por toda la ciudad. Pero no las típicas fotos cursis. Mejor fotos ridículas, con nuestra peor ropa y poniendo nuestras peores caras. Y seguro que tú aún así estás preciosa.
miércoles, 18 de julio de 2012
Ella es capaz de saber que estoy mal aunque no se lo diga, y a través de una pantalla.
Después está ella, que me da un abrazo cuando sonrío por fuera, porque sabe que por dentro lloro.
Luego la que es capaz de llamarme a las dos de la madrugada si sabe que la necesito.
También la que más que mi amiga es mi hermana.
Ella es la que es capaz de hacerme reír diecisiete veces en un solo segundo.
Además está la que me hace feliz, así, simplemente estando conmigo.
Recuerda que hay una a la que se lo cuento TODO, y que cuando me digas "no se lo cuentes a nadie" ella no cuenta.
Después la que lleva conmigo desde siempre, y espero que esté para siempre.
Y sin olvidarnos de la que recorre la vida a mi lado, la que es como una gemela.
También la que no es experta en demostrar que quiere, pero que no por ello me quiere menos, ni yo a ella.
Además la que a lo mejor no está tanto conmigo en las buenas, pero en las malas es de las primeras en venir.
Luego está de la que no podría olvidarme nunca, a pesar de unos putos quinientos kilómetros.
Está también la lerda más lerda de todas, pero sin duda mi favorita.
Si tuviera que esperar hasta que llegara ese príncipe azul que tanto se hace de rogar, sin duda lo esperaría con ella.
¿Amigas? No, no, más bien son joyas.
Después está ella, que me da un abrazo cuando sonrío por fuera, porque sabe que por dentro lloro.
Luego la que es capaz de llamarme a las dos de la madrugada si sabe que la necesito.
También la que más que mi amiga es mi hermana.
Ella es la que es capaz de hacerme reír diecisiete veces en un solo segundo.
Además está la que me hace feliz, así, simplemente estando conmigo.
Recuerda que hay una a la que se lo cuento TODO, y que cuando me digas "no se lo cuentes a nadie" ella no cuenta.
Después la que lleva conmigo desde siempre, y espero que esté para siempre.
Y sin olvidarnos de la que recorre la vida a mi lado, la que es como una gemela.
También la que no es experta en demostrar que quiere, pero que no por ello me quiere menos, ni yo a ella.
Además la que a lo mejor no está tanto conmigo en las buenas, pero en las malas es de las primeras en venir.
Luego está de la que no podría olvidarme nunca, a pesar de unos putos quinientos kilómetros.
Está también la lerda más lerda de todas, pero sin duda mi favorita.
Si tuviera que esperar hasta que llegara ese príncipe azul que tanto se hace de rogar, sin duda lo esperaría con ella.
¿Amigas? No, no, más bien son joyas.
Echar de menos, la cosa más normal del mundo, ¿no? Todos echamos de menos a alguien, o a algo, esté más cerca o más lejos, haga más o menos tiempo que no lo vemos. Y echar de menos es algo con lo que vives, algo que al principio duele, y al final se convierte en tu rutina, ya ni lo notas, aprendes a despertarte cada mañana y a acostarte cada noche sin eso que no tienes, pero que necesitas contigo. Aprendes a estar bien, a sonreír, aunque sea fingida la sonrisa, y aprendes a aparentar que todo va bien, que si todo el mundo echa de menos a alguien y parece que lo llevan bien porque tú lo ibas a llevar peor, y aunque por dentro te estés muriendo, por fuera no pasa nada. Aprendes a derrumbarte lo menos posible, a no pensarlo mucho, a no darte cuenta de lo lejos que tienes lo que echas de menos, de las pocas posibilidades que tienes de que vuelva a estar ahí contigo. Aprendes a vivir echando de menos, pero siempre acaba doliendo.
martes, 3 de julio de 2012
El que siempre está ahí, el que me hace reír con cualquiera de nuestras tonterías, el que me hace feliz con un "peque" o con un "princesa" porque sabe que me encanta, el que siempre me dejaba ganar en nuestras guerras de caritas, el que me hace llorar, el que es adorable, el que me viola, el que me soporta siempre, el que escucha todas mis chorradas, el que a veces me quiere mucho, y otras veces no me quiere nada. El que siempre se enfada conmigo o yo con él por tonterías, y en menos de un día ya nos hemos pedido perdón. El que en unos años va a ser el tito de mis futuros hijos, el que me va a comprar un palacio en Doñana y va a venir conmigo a Venecia. El que llegó de golpe, como las cosas buenas, y a lo tonto se ha ido haciendo más y más importante. El que me tiene ahí para todo siempre porque se lo ha ganado. El que será lerdo, y un mirón, y un mentiroso algunas veces, pero aún así se hace querer. El que sabe tan bien como yo que los "para siempre" son cosa de dos y que se cumplen si las dos personas quieren.
domingo, 1 de julio de 2012
Que la suerte esté siempre de vuestra parte-
No quiero que se pare, y él no lo hace; me sigue acariciando el pelo hasta que me quedo dormida.
No nos arden los labios de fiebre ni de frío. Es el primer beso que de verdad hace que se me agite algo en el pecho, algo cálido y curioso. Es el primer beso que me hace desear un segundo.
-Peeta, ¿por qué nunca sé cuándo tienes una pesadilla? +Ni idea. Creo que yo no grito, ni me muevo, ni nada. Simplemente me despierto paralizado de terror. -Deberías despertarme- le digo...porque yo interrumpo su sueño dos o tres veces cuando tengo una noche mala hasta que logra calmarme de nuevo. +No hace falta, mis pesadillas suelen ser sobre perderte, así que se me pasa cuando me doy cuenta de que estás a mi lado.
Podrías vivir cien vidas y no ser merecedora de él, ya lo sabes.
Él me rodea con un brazo automáticamente, y yo me siento como si estuviera de nuevo en la cueva, acurrucada a su lado, intentando entrar en calor.
Nadie nos molesta. Hacia el final de la tarde, estoy tumbada con la cabeza en el regazo de Peeta, haciendo una corona de flores mientras él juguetea con mi pelo, alegando que está practicando sus nudos. Después de un rato, sus manos se quedan quietas: -¿Qué? ― Pregunto. +Desearía poder congelar este momento, justo aquí, justo ahora, y vivir en él para siempre.
No nos arden los labios de fiebre ni de frío. Es el primer beso que de verdad hace que se me agite algo en el pecho, algo cálido y curioso. Es el primer beso que me hace desear un segundo.
-Peeta, ¿por qué nunca sé cuándo tienes una pesadilla? +Ni idea. Creo que yo no grito, ni me muevo, ni nada. Simplemente me despierto paralizado de terror. -Deberías despertarme- le digo...porque yo interrumpo su sueño dos o tres veces cuando tengo una noche mala hasta que logra calmarme de nuevo. +No hace falta, mis pesadillas suelen ser sobre perderte, así que se me pasa cuando me doy cuenta de que estás a mi lado.
Podrías vivir cien vidas y no ser merecedora de él, ya lo sabes.
Él me rodea con un brazo automáticamente, y yo me siento como si estuviera de nuevo en la cueva, acurrucada a su lado, intentando entrar en calor.
Nadie nos molesta. Hacia el final de la tarde, estoy tumbada con la cabeza en el regazo de Peeta, haciendo una corona de flores mientras él juguetea con mi pelo, alegando que está practicando sus nudos. Después de un rato, sus manos se quedan quietas: -¿Qué? ― Pregunto. +Desearía poder congelar este momento, justo aquí, justo ahora, y vivir en él para siempre.
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